Si has venido a mis clases, ya sabes que no practico ni enseño siempre igual. Cada clase sigue la fase de la Luna y el signo por el que transita. Esa decisión no es un capricho: es el eje de todo lo que hago, y por eso quiero explicarte con calma por qué.
Una práctica que cambia contigo
Repetir siempre la misma secuencia tiene algo de cómodo, pero también de automático. Seguir el ciclo lunar me obliga, y te obliga, a escuchar en qué punto estás hoy. No es lo mismo practicar en luna nueva, con ganas de recogimiento, que en luna llena, cuando todo está más a flor de piel.
Las cuatro fases, en la esterilla
Luna nueva: volver a empezar. Prácticas suaves, quietas, de interiorización. Respiración, posturas lentas y un tiempo largo de relajación para escuchar qué quieres sembrar.
Luna creciente: construir. La energía sube. Es buen momento para ganar fuerza, estabilidad y constancia: posturas de pie, de equilibrio y secuencias que sumen poco a poco.
Luna llena: abrir y expandir. Prácticas más amplias y dinámicas, con aperturas de pecho y de caderas. También hay días emocionales: se deja espacio para sentir.
Luna menguante: soltar. La práctica baja el ritmo. Torsiones, posturas de limpieza y de descarga, y cierres largos para dejar ir lo que ya no hace falta.
Y el signo por el que transita la Luna
La Luna cambia de signo cada dos días y medio, aproximadamente. Cada signo da un tono distinto a la práctica: los de fuego piden más energía, los de tierra más estabilidad, los de aire más movilidad y fluidez, y los de agua más sensibilidad y escucha. Dos clases en la misma fase pueden sentirse muy diferentes según el signo en el que estemos.
Qué es y qué no es: es un marco para variar la práctica y escucharte mejor. No es ciencia médica ni una predicción, y nunca sustituye al criterio de tu cuerpo: si algo te duele o no te apetece, ajusta o lo dejas. En las clases en grupo seguimos la fase y el signo de la Luna; el trabajo con tu carta astral personal queda para las sesiones individuales.
Por qué merece la pena
- Evitas la rutina automática. Cada semana la clase tiene un matiz distinto.
- Te escuchas más. Preguntarte «¿en qué fase estoy?» te lleva a preguntarte «¿cómo estoy yo?».
- Das sentido al ritmo. Hay semanas para empujar y semanas para parar, y las dos valen.
- Creas un hábito con calendario. Es más fácil volver a la esterilla si sabes qué toca.
Cómo probarlo en casa
Consulta en qué fase está hoy la Luna, elige una intención sencilla acorde y diseña una práctica corta, de quince o veinte minutos. Apunta cómo te has sentido. Al cabo de un ciclo completo, unas cuatro semanas, verás si este ritmo te funciona.
Si prefieres vivirlo acompañada, en la Comunidad Yogi practicamos así, en directo, cada semana.

